Estupendo el primer acercamiento a la capital del Offf. Esperemos que sea sólo el inicio de una larga relación.
Se podría decir que en este caso ha sido “breve” pero intenso. He de decir que, personalmente, suelo salir con una sensación agridulce de este tipo de eventos no tanto por la calidad de los trabajos presentados (estupendos todos), sino porque tomo conciencia de lo fácil que es sumergirse en la vorágine diaria y olvidar los pilares que deberían soportar nuestro trabajo. De manera que siendo positivos el Offf sirve de detonante para, al menos, enfrentarnos a nuestra actividad con el ánimo de experimentar y divertirnos.
Sí, ”experimentar”; no hemos descubierto la pólvora, pero puede que la esté olvidando en una carpeta de mi escritorio y es el motor, la rueda, la herramienta, o como queramos llamarlo, de la innovación, ilusión, evolución y todo eso que conforma nuestro ideario personal de cómo nos gustaría trabajar a los que poblamos este mundillo de la creación.
Y luego está la diversión, que es inherente a la anterior. Todos nos sentimos cojonudamente bien probando y alejándonos del trabajo rutinario. Pero a veces luchar contra ese lado oscuro de la monotonía es difícil, uno necesita que le den de vez en cuando una bofetada para despertar y recargar las pilas del entusiasmo. En ese sentido bienvenido sea el Offf.
Por cierto, estupendo Eduardo del Fraile (qué voy a decir yo que no se sepa) y genial Julién Vallée.
P.D Estoy buscando la carpeta de la pólvora por mi escritorio.



