Cuando algunos de nosotros empezamos en esto del marketing y la publicidad la teoría del millón (de dólares eso sí) era el Bottom Up, que venía a decirnos algo así como que el marketing se planea y ejecuta desde el diseño del producto pasando por la definición de la estrategia de distribución y acabando en la ejecución del plan de comunicación.
Hoy, para los no tan jóvenes ya ha llovido y bastante, estamos en la época del change through innovation, del design thinking, del social marketing y de un montón de términos más de los que ahora me es imposible acordarme.
Pues, para contribuir a la difusión de terminología lo suficientemente críptica como para resultar atractiva, me permito mi propia contribución: el All Around marketing.
No voy a ser yo uno de los visionarios que diga saber cómo va acabar de organizarse el mundo de los medios y terminar de reordenarse el mapa de jugadores del sector de la comunicación.
Pero, imitando la entonación de mi admirado Pepu Hernández, sí creo saber lo que nos ha pasado (por encima en muchos casos) estos últimos años: di-gi-ta-li-za-ción.
Porque en la comunicación una gran parte de los procesos se han digitalizado.
Internet ya no es el único medio digital (empiezo a pensar que más que un medio es el ecosistema que lo conecta todo): la prensa, la radio, el cine, la televisión, la publicidad exterior, la comunicación en el punto de venta, … ¿cuál de ellos no tiene o va a tener un gran componente digital?
Y, como diría aquel, para terminar de arreglarlo esto está provocando una revolución en las formas de acceder a todos estos medios (protagonizada por la integración y la movilidad).
¿Y todo este lío qué efectos puede tener?
Además de cambios en los modelos de las agencias y otros proveedores de servicios de comunicación, de necesidades de reciclaje de profesionales, de búsqueda de talentos y metodologías de trabajo nuevos y un nerviosismo general que no hay quién lo aguante …

Oportunidades
Para las marcas y los consumidores, claro, que al fin y al cabo son los dueños del cotarro.
El anunciante empieza a poder diseñar y ejecutar su comunicación sin los límites que hasta hace poco asumía con naturalidad interconectando todas las ventanas (sus propios medios, sus puntos de venta, sus espacios en Tv, sus anuncios en prensa y exterior, ..).
El consumidor ya no distingue entre un medio y otro y compra un artículo desde el anuncio participa en una promoción en el sitio y en el momento de disfrute del posible incentivo y exige una única experiencia de marca esté donde esté.
¿Y los profesionales que vivimos de esto?
Pues debemos ser conscientes de que nuestras ideas y soluciones (y la manera de ejecutarlas) deben ser válidas para un entorno en el que pasamos del impacto a la fidelización en pocos segundos y en el que las terminales están cada vez más integradas: vamos que tenemos que dominar el marketing all around.




