Quizá porque la marca mola, tiene el logo de una fruta prohibida con un mordisquito y fabrica aparatos maravillosos. Vale, ¿pero qué pasa con el resto de marcas? Somos conscientes de que un gran tanto por ciento de las personas buscan en redes sociales experiencias únicas y ventajas para sus bolsillos. Y esto no siempre coincide con sus marcas favoritas.

De hecho, el germen por el que una persona da el mágico paso de pulsar Follow funciona en ocasiones de la manera más simple. Un buen incentivo en un Ad. Un copy intrigante. Una imagen grotesca. Así funcionan las redes sociales. Tienen la virtud, o el defecto, de lo instantáneo. Son tan medibles como espontáneas. Puedes predecir comportamientos, pero a la vez no dejan de sorprenderte. No podría ser de otra manera siendo pobladas por seres humanos.

¿Por qué alguien se haría fan de una marca en redes sociales? Por interés: porque te dan un servicio o una promoción. Por algo tan humano como la empatía: porque su amigo también se ha hecho fan. Por imitación: porque su amigo se ha hecho fan. Por comparación: porque esa persona ya se hizo fan de una marca parecida. Eso es Facebook. La red social que urdieron Mark Zuckerberg y sus (ex) amigos permite segmentar y dirigirte con la precisión de un cirujano a aquellas personas más propensas a acabar formando parte de tu red de fans. Y lo que es mejor: te permite contactar con sus amigos, quienes muy probablemente estarán interesados en el mismo anuncio que interesó a sus amigos. Si Twitter empieza a parecerse a Facebook por algo será… ¿no?

 

David García, social media strategist en Genetsis participó en el Informe Internet de la revista Anuncios dando nuestros punto de vista acerca de Facebook y Twitter como soportes publicitarios para las marcas.