En esencia, las claves del éxito en un proyecto profesional son las respuestas a las siguientes preguntas del puzle: ¿qué quiero conseguir?, ¿hasta dónde quiero llegar?, ¿cómo lo voy a hacer?, ¿con qué imprevistos me puedo encontrar? o ¿cuándo quiero que se haga efectivo? Sin estas respuestas, es previsible un alto riesgo de fracaso. Llevando estas cuestiones al campo profesional, no estamos hablando de otra cosa que de:

  • Definición de objetivos (¿qué quiero conseguir?).
  • Alcance (¿hasta dónde quiero llegar?).
  • Metodología y ejecución (¿cómo lo voy a hacer?).
  • Riesgos y monitorización (¿con qué imprevistos me puedo encontrar?).
  • Planificación (¿cuándo quiero que se haga efectivo?).
  • Presupuesto y recursos (¿qué necesito para conseguirlo?).

Enfrentarnos a estas preguntas es todo un arte. Es el arte que se sustenta sobre tres aspectos clave: factibilidad, concreción y resolución. La diferencia entre no garantizar estos tres elementos y fracasar en la gestión de un proyecto es prácticamente inexistente. Y quizá es aquí donde más fisuras se suelen producir. Encontrarnos con unos tiempos inmanejables, un cambio o ausencia de requisitos, así como con una ajustada dotación de recursos (humanos y/o económicos), son algunos de los aspectos que, indudablemente, se deben gestionar durante todo el ciclo de vida del proyecto. Y no digo evitar, digo gestionar, porque es algo inevitable: los proyectos no son inamovibles, están vivos, y, como la vida misma, hay situaciones que no podemos prever, pero sí enfrentarnos a ellas y solucionarlas.

Y, continuando con el símil, para que la obra de arte brille y cuente con la visibilidad que se merece, son imprescindibles los artistas, la figura que vela por que trabajen en armonía y sobre un marco sostenible y también los propietarios y los receptores de esas obras. Es decir, los perfiles profesionales que conforman el equipo de trabajo, el director del proyecto, los decisores, o business owner, y, por último, el cliente final –ya sea profesional o consumidor, interno o externo–. Todos ellos deben mantenerse alineados y trabajar en equipo. Un paso en balde de cualquiera de ellos afectará al resto, y, como consecuencia, impactará en el estado y resultado del proyecto.

En la actualidad tenemos a nuestra disposición todas las piezas del puzle: tecnología que nos permite una gestión más efectiva, perfiles con una alta competencia profesional y metodologías de trabajo ágiles. Lo difícil es tomar conciencia de todas las piezas del puzle que hay, elegir cuáles necesitamos, gestionar la resolución y las acciones que requieran las que nos faltan y… encajarlas.

 

Ya tenemos todas las piezas del puzle, Noemí Jerez

Harvard Deusto Business & Technology, enero de 2016